Hacía poco que había partido desde Puerto Montt bajo una copiosa lluvia, un poco extraña para mis parámetros de la realidad, ya que era el 22 de diciembre y el verano había comenzado hace ya un par de semanas en Concepción. El calor y el ruido de niños jugando a la distancia ya se me estaba haciendo habitual y encontrarme hoy, el día de mi viaje, con esta copiosa lluvia me significó questionarme algunas cosas.
Dormía profundamente, y tengo casi certeza que soñaba algo agradable, cuando la señora sentada a mi lado en el avión me despierta y noto que el cielo es azul.
¿Qué había cambiado? ¿Era mi percepción de la realidad o tan solo un sueño dentro de otro sueño?
Al poco andar, vi por primera vez las islas del sur de Chile, sabía que existían ya que inumerables veces las había visto en los mapas. Sin embargo, en esta oportunidad eran más reales, tenían vida. Y si no hubiera escuchado en algún lugar que esta tierra estaba desabitada me habría imaginado los poblados y su gente.