Una de las pocas personalidades que alguna vez atrajo mi admiración fue Diego Olivares.
El único que con un discurso encendido y un par de frases, que jamás nadie olvidará, consiguió llevar a multitudes a luchar y a soñar.
Revolucionario postmoderno, que huía de la caracterización típica del estudiante combatiente, Diego utilizaba en su día a día jeans y un chaleco cote V negro que, al parecer, conservaba desde el liceo. No me recuerdo haberlo visto con otra indumentaria, era como Superman, siempre con la misma ropa.
En las mujeres provocaba un efecto particular. Muchas – la gran mayoría diría yo – iban a las asambleas exclusivamente para verlo y suspirar.
¿Qué tenía Diego que provocaba tanta admiración?
No lo sé, tal vez, simplemente le devolvió la esperanza a toda una generación [marcada por el silencio] de creer que otro destino es posible.
“La historia se escribe a mano y sin permiso”
Diego Olivares Jansana.


3 respuestas hasta el momento ↓
lechon // Agosto 7, 2007 a 3:28 am
Todo es verdad hasta que otro diga lo contrario???, yo digo lo contrario, y???
intertextual // Agosto 7, 2007 a 11:52 am
¿Qué es lo contrario?
Armando E. Cabello Crvajal // Octubre 6, 2008 a 1:26 am
Solo decir que me sorprendio cuando en las termas de puyehue, en la provincia de Osorno, dijo: (despues de uno de susu tipicos discursos)……”Tener trabajadores cada vez mas felices” que ahora es mi norte.