Ha vuelto el calor del invierno tropical y lo trivial se ha vuelto hermoso.
Le puse la correa a mi reloj para poder asegurar el tiempo y no perderlo.
Bernardino, el señor de la tabacalería, me dijo: “Graças a Deus, mais um día que o Senhor nos dá”. Me invita un café y prendo otro Marlboro.
Al cruzar la calle encuentro un bar y sin pensarlo tres veces digo cerveza.
Santo André es una ciudad especial. Tan especial cuanto cualquier otra ciudad y esta es mi historia “trivial” en la esquina de la Bernardino de Campos con Queirós dos Santos…


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